¿Parezco un hombre sano?
Le pido a una inteligencia artificial que me de recomendaciones para mejorar el texto que escribo. Lo hace. Me da vergüenza sentir que lo que me responde realmente está mejorándolo. La muerte de la creatividad sucediendo delante de nuestros ojos. O la muerte de mi creatividad sucediendo delante de mis ojos. Fue como un cáncer de esos que los encuentran avanzados: pasan unos meses y ni nos vimos.
Vibra el celular. Qué suerte, porque me aleja del trance depresivo de saberte useless. Me gusta esa palabra en particular en inglés. No suele pasar. Las palabras son mejores en castellano, pero useless tiene una violencia que no se me ocurre en mi propio idioma. Carente de uso, se traduciría si la diseccionara. Inservible sería la traducción más acertada, quizás inútil. Ninguna de las dos me parece tan potente. Qué se yo, cosas en las que pienso mientras leo sobre la importancia de la traducción en la literatura que hace Mariana Enríquez en su libro Archipiélago, donde cuenta un poco los libros de su vida, cómo llegaron a ella y cómo la atravesaron para convertirla en la escritora que es hoy. Hay una frase relacionada a eso que me quedó resonando.
¿Estoy enamorada de Marina Tsvietáieva, o es la hermosa traducción de Natalia Litvinova, la escritora argentina de origen bielorruso, lo extraordinario? No voy a saberlo nunca.
La vibración del celular era la respuesta de Instagram de una tatuadora que me decía cuánto me costaría lo que quería hacerme. Le había preguntado también si tenía turno para el día siguiente. Me había dicho que sí. ¿Tendría una tatuadora realmente buena turno para el día siguiente?
El tatuaje es así: dos cuerpos acostados de manera horizontal, uno sobre otro, separados por una línea. El de arriba está desnudo. El de abajo es un esqueleto. El significado es bastante simple, pero no quiero olvidarme de que en breve las cosas se van a apagar y que, mientras tanto, hay que disfrutar lo que toca. Algunas veces me cuesta.
***
No me puedo dormir. Estoy dando vueltas en la cama hace un rato largo. No sé exactamente cuánto. Ya no me pasa seguido, por suerte. Tuve mi época de insomnio. De dar vuelta la almohada una y otra vez hasta que se empieza a aclarar el cielo. El sufrimiento por no poder conciliar el sueño me resulta aterrador.
Es la madrugada del viernes. Agarro el celular. Casi la una. Abro Instagram, miro algunas stories: conocidos drogados de joda escuchando un DJ; otros en un recital; otros mostrando sus mascotas. Lo de siempre. Entro a WhatsApp, lo último que había recibido era un mensaje de Barbu que me decía que se iba a dormir, que hasta mañana. Le contesté. Le dije que la amaba, que descansara y que le mandaba un beso a Milo. Milo es su gato. Podría ser modelo. Maneja un elevadísimo nivel de hegemonía. Barbu sigue sorprendida por lo rápido que pegamos onda. No suele ser tan copado con todos.
Dejo el celular. Miro el techo. Doy vueltas. ¿Será esta la gran vuelta al insomnio? ¿Será esta la primera de tantas noches sufriendo? Siento que no voy a poder dormir nunca. Agarro otra vez el celular. Entro a Slack para ver a qué hora tengo la primera reunión la mañana siguiente.
Me paro, voy al baño, prendo la luz, levanto la tapa, meo y tiro la cadena. Abro el agua fría. En Buenos Aires ya empieza a hacer el calor que anticipa las fiestas de fin de año. Me lavo las manos y me mojo la cara. No me seco. Me apoyo en la bacha. El agua se entremezcla por los pelos de la barba y empieza a gotear. Las gotas me caen en el pecho y se arma un pequeño hilo que termina en mi entrepierna. No tengo ropa interior porque me bañé antes de acostarme.
Me miro al espejo. Tengo más arrugas, menos pelo, más canas, creo que los ojos más celestes que antes. Estoy flaco, pero también se notan algunos músculos. ¿Parezco un hombre sano? Creo que sí. Me miro los tatuajes. Uno dice el número de la casa donde crecí: 1037. Me lo hice pensando en mi viejo. Del otro lado una especie de postal: un café con leche con tostadas sobre una mesa desde donde se puede ver una planta por la ventana. Lo hice pensando en mi abuela. Abajo dos niños que están al lado de una mujer en una playa, chapoteando. No tienen cara, pero es una foto de unas vacaciones familiares en San Bernardo. Mi papá sacaba la foto. Todavía estaban juntos.
Estoy por cumplir cuarenta años. Algunos amigos míos ya los cumplieron. Pienso en cómo me afecta. Me respondo que estoy en el mejor momento de mi vida. Los astros están tan alineados que me da un poco de cosa y, ahora que lo escribo, miedo. ¿Cuándo se terminará la paz?
Voy a la heladera. La abro. Hay un vino blanco de hace unos días. Pienso que estoy tomando poco. Muerdo el corcho y se lo saco tironeando. Debe tener el contenido de una copa. Me voy al balcón, tiro el corcho a la pileta. Se queda flotando. Miro los edificios mientras tomo el vino. Hay muy pocas luces prendidas. Vuelvo a la cocina a dejar la botella vacía. Me fondeo un vaso de agua.
Vuelvo a la cama y me acuesto.
Toco el celular con el dedo: 2:29. Me quedo mirando el techo un rato. Abro la ventana para escuchar de fondo los ruidos de la ciudad. Me gusta el soundtrack de la noche: cuando se escucha pasar un colectivo, un grito que no sabés si es un robo o un borracho, una bocina perdida, el tren cuando hay viento. Esos sonidos junto al efecto del vino funcionan como una canción de cuna.
Tanto tiempo, ¿no? Creo que varias de las últimas veces que te escribí arranqué con un “Tanto tiempo, ¿no?”. Esta vez te podrás imaginar uno de los motivos. Al menos si leíste los últimos textos que te compartí.
Mi vida, en los últimos meses, dio varios tumbos para terminar en lo que cuento un poco más arriba. Y eso que no relaté mi cambio laboral.
Te mando este outro para contarte que estoy escribiendo bastante. Incluso estoy editando el texto que planeo enviar el domingo que viene, así que quizás empieces a ver mi nombre más seguido en tu bandeja de entrada.
Gracias por seguir del otro lado. No lo doy por sentado.
Un abrazo,
Axel



qué bien escribís, me meto en el relato!
Me alegro ver tu correo el Domingo, hoy Jueves me hice el tiempo para leerlo con gusto, buen relato y que bueno que llego la inspiración dominguera.
Gracias por volver, saludos desde Ecuador :)