No sé qué es lo que observo
Pero lo hago paseando con una capa de Batman versión Disney.
Leo un artículo periodístico donde entrevistan personas que, de una manera u otra, trabajan escribiendo.
Muchos admiten que, en la era de la inteligencia artificial, están escribiendo mal o usando palabras que no usarían. No abren signos de exclamación o de pregunta, usan más letras para demostrar interés y mucho lunfardo para no parecer una IA.
Humanos haciendo las cosas “mal” para alejarse de la “perfección” de las computadoras. Me deprime brutalmente.
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Es domingo y tengo que correr 14 kilómetros. Me despierto, miro TikTok un rato en mute porque Barbu duerme. Milo ronronea al lado de ella. Pocas veces duerme de mi lado.
Salgo despacio para ir al baño. Bajo muerto de frío apurado pero intentando no hacer ruido. El silencio y tranquilidad de las mañanas del fin de semana es de lo que más extraño en la vida diaria.
Arriba estaban todas las cortinas cerradas, así que cuando bajo me doy cuenta que el cielo está cubierto de nubes. El peor escenario para salir a correr: frío y nublado. Miro el pronóstico y veo que en unas horas debería salir el sol. Decido estirar la salida.
En el baño prendo la estufa, que rápidamente empieza a hacer ruido de turbina, y me siento en el inodoro. Hago pis y me quedo mirando el celular un rato. Mensajes de WhatsApp, las primeras stories de Instagram que paso rápido sin ningún tipo de interés, spam y más spam en la casilla de correo.
Dejo el celular sobre el bidet, me paro, me lavo los dientes. Ya hace calorcito en el baño y puedo estar solo en bóxer sin tiritar. Me quedo mirándome. A los ojos, el cuerpo. No sé qué es lo que observo.
Salgo del trance porque escucho un maullido. Milo está del otro lado de la puerta del baño. Me está pidiendo que le abra para salir al patio. Le encanta estar al aire libre, pero hace frío así que le digo que espere un rato hasta que salga el sol. Me responde con mala onda y se va a tomar agua.
Debería subir a cambiarme pero eso probablemente despertaría a Barbu, así que me cubro el cuerpo con una manta de Mickey y Minnie y camino por la casa con una capa de Batman pero versión Disney.
Pongo música. Preparo el mate y me tiro en el sillón a scrollear un rato sin ningún fin, como siempre que se scrollea.
Milo camina por ahí. Lo llamo dándole golpecitos al sillón con la mano. Me mira, salta y después de dar muchas vueltas se acuesta sobre la manta, que en realidad me está prestando él a mí porque es su preferida.
***
Es lunes. Son las 9.31 y recién entro a una reunión. El iPhone vibra una y otra vez. Lo agarro para ver qué pasa. Un amigo me mandó varios mensajes.
–Hola ami
–Buen día
–Tkm
–Cambio y fuera
Me emociona instantáneamente esa demostración de amor.
Le contesto con una risa, le digo que lo extraño y que yo también lo tkm.
Le pregunto si vamos a festejar el Día de la Patria juntos tomando vino, comiendo empanadas y gritando.
–Porsupollo carnal–, me responde.


