Es un privilegio estar así de cansado
Los primeros 21.
Llegué con los minutos contados y con ganas desesperadas de ir al baño, así que mi entrada en calor fue correr hasta los químicos, que estaban al lado de la largada.
La primera vez que me emocioné durante la carrera fue alrededor del kilómetro 11. Una chica estaba esperando al lado de la zona de carrera, alentando a la gente. Cuando ve a una corredora en particular, se le ilumina la cara, se pone al lado y empieza a correr con ella. Es muy normal que, durante una carrera larga, haya personas que te acompañen. Te esperan en un punto y salen corriendo con vos solo para darte más energía, para que sepas que están ahí por y para vos.
–No sabés cuánto te necesitaba–, le dijo con el poco aire que tenía.
Primeras lagrimitas adentro. Me puse las gafas.
La segunda vez que me emocioné fue en el kilómetro 16. Estaba superando la distancia más larga que había corrido en mi vida. Repetí un mantra que constantemente repetí en los meses de entrenamiento.
–Es un privilegio estar así de cansado.
La tercera fue en el kilómetro 20, pensando que Barbu y mi mamá estaban esperándome. Solo personas que te aman pueden despertarse a las 5:30 de la mañana para alentarte. Espero estar apoyando a los demás como las personas que me quieren me apoyan a mí.
Tuve los auriculares puestos durante la hora y cincuenta y cinco minutos que corrí, pero no puse música más que unos dos o tres minutos. Preferí escuchar los pasos de los corredores, de qué hablaban los que iban más cómodos, los gemidos de los que iban complicados. Y mis pensamientos:
Qué bien que entrené, qué bien me siento.
¿Ya se habrán encontrado Barbu y mamá?
¿Cuándo nos darán agua?
¿Me afectará no tomar gel?
¿Pongo música? Mejor no.
Mejor escucho a la gente.
Qué linda que es Buenos Aires.
Cuánto movimiento un domingo tan temprano.
Qué bien que vengo.
¿Le meto pata?
Tengo miedo de quedarme sin nafta.
Mejor aguanto así unos kilómetros más.
Creo que debería releer De qué hablo cuando hablo de correr.
Qué bien que vengo.
¿Me anoto a los 42 kilómetros de Buenos Aires?
¿Me tatúo un 21?
¿Ya habrá llegado el que me cruzó disfrazado de Spider-Man?
¿Cómo hacen los que corren 42 kilómetros?
¿Cuánto falta?
Dale, un poco más.
Dale, dale, un poco más.
Es un privilegio estar así de cansado.
Es un privilegio estar así de cansado.
Es un privilegio estar así de cansado.
La cuarta vez que me emocioné fue cuando me pusieron la medalla. Con un dolor en la parte de atrás de la rodilla derecha, transpirado como si me hubieran tirado un balde de agua, le agradecí a mi cuerpo por acompañarme.



¡Por supuesto que el 21 merece ser tatuado! ¡Qué descripción tan conmovedora! 🥹 ¡Enhorabuena por los primeros 21!